¿En
qué consiste la buena convivencia? Para poder tener una buena convivencia en el
aula debemos tener ilusión, ganas de aprender, respetar las normas comunes e ir
regulando los conflictos. Esta convivencia debe ser flexible y tiene que ser de
unión colectiva, porque en la clase el conjunto de alumnos forman un todo por
ello el mantener la convivencia es responsabilidad de cada uno de ellos. Por
ello cada vez son más las técnicas nuevas de resolución de conflictos que se
usan en el aula (alumnos ayudantes, tutorías personalizadas, aulas de
convivencia…), esta convivencia estaría integrada por un modelo de actuación
más personalizado y participativo.
Para
que en un centro la convivencia funcione esta debe ser respetuosa, democrática
y solidaria. Para ello se efectuará un plan de convivencia cuyos valores sean
la igualdad, la libertad, la participación, el respeto, la tolerancia, la
solidaridad y el diálogo. Estará compuesto por el alumnado, la familia y los
docentes. Se propone para mejorar la convivencia entre los implicados en el
proceso enseñanza-aprendizaje y para llevarlo a cabo se abrirán dos
posibilidades, en primer lugar tendremos el modelo de imposición y en segundo
lugar el colaborativo y democrático.
Si
se quiere llevar a cabo este plan de convivencia tendríamos que hacerlo
mediante la disciplina que no debemos tomarla como un castigo, aunque algunos
autores lo hagan, sino que debemos mirarla como un instrumento para fomentar la
convivencia. Esta disciplina democrática busca o promueve la cohesión, la
integración, la confianza, empatía, colaboración, fomenta la autoestima y la
autonomía. Por el contrario quiere evitar la exclusión, el miedo, la amenaza,
la sumisión y la humillación, el silencio y la indiferencia.
Para
solventar los posibles problemas de disciplina disponemos de tres modelos de
convivencias que son el sancionador (faltas se sancionarán mediante castigos),
el racional (busca el diálogo y la disposición de las partes para resolver el
conflicto) y el integrado (cree en el papel del mediador). Normalmente los
modelos de convivencia puros son muy difíciles de encontrar y en su lugar lo
que vemos son modelos combinados donde la toma de decisiones ya no puede
hacerla solo el profesor sino que ya le incumbe a sus superiores que a su vez
se remitirán a un conjunto de normas que han sido realizadas para la mejora de
convivencia en los centros y en las aulas.
En
conclusión, para que haya una buena gestión de la convivencia esta debe
comprender la atención a los conflictos, la preocupación por la gestión de las
relaciones interpersonales y la comunicación orientada al bienestar personal y
grupal (Silvia Funes Lapponi “Los modelos de convivencia escolar. Hacia
un nuevo disciplinamiento”).
En
definitiva para tener una buena convivencia además de todas las características
ya señaladas se debe favorecer la integración dónde se atienda al diálogo, a la
colaboración, a la diversidad y se evite el autoritarismo.
Realizado por: Raquel Pérez Jiménez
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